COVID-19 y fortalecimiento geoestratégico de la República Popular China – Liliana Korniat

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En la disputa por liderar el “nuevo normal” en el escenario geopolítico transnacional, las autoridades chinas vienen abordando la ”pandemia” como una real oportunidad para reforzar su proyección blanda explotando los beneficios de su aparato de propaganda y ciberseguridad y forzando a Occidente a “restringir las libertades individuales”  y adoptar medidas proteccionistas.

La geopolítica de la pandemia.

La diseminación del COVID-19 a escala mundial desde su epicentro en la RPCh, expone desde la perspectiva geopolítica, el vacío relativo del liderazgo detentado por Estados Unidos de América (EUA) y la vulnerabilidad de la Unión Europea y de los Estados nacionales para contener los efectos de la saturación de los sistemas sanitarios.

Nouriel Roubini advierte que China está reforzando su soft power (poder blando) y reposicionándose en el escenario internacional a través de su “diplomacia COVID-19” como exportador y donante de suministros sanitarios, lo que puede conllevar “profundas implicancias para el balance de poder mundial si EUA no presenta una contrapartida adecuada”.

Por su parte, Noah Harare expresa que “China está explotando la falta de solidaridad global y la falta de liderazgo”, coyuntura que beneficia su posición relativa en el escenario geopolítico en transición hacia un “nuevo normal”.

En este contexto se encuadra el despliegue de la maniobra diplomática de China para reforzar su liderazgo competitivo y su influencia blanda a nivel global, beneficiándose de los mecanismos de contrainformación externa y de armonización interna.

Esta maniobra se materializa mediante el envío de material sanitario y de equipos médicos a través de la Cruz Roja China a los países colapsados (España e Italia), al mismo tiempo que los gobiernos europeos y de otras latitudes, incluyendo EUA, disponen medidas proteccionistas en respuesta a la saturación de la oferta de dispositivos sanitarios esenciales.

El cuello de botella entre oferta y demanda en un contexto de “crisis sanitaria transnacional” reedita, además, la creciente dependencia de EUA y de Occidente en general, respecto de la industria sanitaria y farmacéutica de China y de India –lo que ha sido reconocido por la Food and Drug Administration (FDA) como un “riesgo a la seguridad nacional”-.

Esta dependencia es acentuada en relación a principios activos farmacéuticos (APIs) esenciales para la producción de medicamentos comercializados en EUA, los denominados esenciales por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y fármacos destinados a contrarrestar ataques biológicos, nucleares o epidemiológicos como el de COVID-19.

Esa vulnerabilidad se hace extensiva a otros dispositivos esenciales, como los respiradores pulmonares, cuya producción está sujeta a las cadenas globales de valor altamente concentradas en China, lo que ha conducido a la Administración Trump a invocar la “Defense Production Act”.

Ante la criticidad de los sistemas sanitarios de los países más afectados, la RPCh viabilizó el envío de toneladas de material sanitario a Grecia, Serbia, España, Italia, Francia, Países Bajos, Polonia, Bélgica y República Checa entre otros, desplegando operaciones mediáticas montadas sobre eventos organizados por sus Embajadas con autoridades de los países receptores, para reafirmar los lazos de amistad y solidaridad entre los pueblos y su rol de Estado benefactor.

Nouriel Roubini expresa, sobre esta estrategia, que “China esta usando la crisis del COVID-19 en un esfuerzo que parece ser parte de una campaña coordinada con fines humanitarios y de promoción de valores”.

Más aún, lejos de restringirse al escenario europeo que se erige como epicentro de la pandemia, la RPCh hace extensivo su brazo solidario a EUA y a gran parte de los Estados que forman parte de la “Belt and Road Initiative”.

Esto esta dirigido a contrarrestar la campaña de “desprestigio y demonización”  impulsada desde Occidente responsabilizando al régimen de Xi Jinping por el imprevisible impacto sanitario y económico derivado de la censura impuesta en China sobre el brote de COVID-19.

En esa estrategia, el régimen político cuenta con el apoyo activo de empresas de primera línea como Huawei, Tencent y Alibaba lo que coadyuva tanto al fortalecimiento de esas marcas en el exterior como a su propio rédito político ante Beijing.

Esto constituye, en última instancia, un pequeño eslabón más en lo que Michael Pillsbury tituló “La Maratón de los Cien Años: la estrategia secreta de China para reemplazar a América como superpoder global.

Asimismo, confirma las tendencias apuntadas por la consultora británica Portland (que elabora el Ranking Global Anual de Soft Power) al destacar que, por encima de las violaciones a los derechos humanos y a las libertades individuales, China viene explotando sus activos culturales y su status de poder con vistas a erigirse en una “fuerza inequívoca para el bien del mundo”.

En editorial publicado por The Wall Street Journal, Henry Kissinger va mas allá y manifiesta que EUA está obligado a hacer un gran esfuerzo en tres dominios: primero, apuntalar la resiliencia global a las enfermedades infecciosas; segundo, esforzarse para sanar las heridas de la economía mundial y tercero, salvaguardar los principios del orden liberal.

Internet y Soft Power

China explota el patrón de articulación entre propaganda externa y armonización interna a través de sus órganos centrales de control de Internet (Ciberspace Administration of China –CAC-, que responde al Central Ciberspace Affairs Commission –CCAC- del Comité Central del Partido Comunista –CCPCh-) los que apelan, por un lado a sus sedes diplomáticas y a la agencia de noticias “Xinhua” y por otro lado, a su poderoso y dinámico sector empresarial en tecnologías de información y comunicación (Huawei Tech Co, Tencent Holdigns Ltd. Y Alibaba Group Holding Ltd.).

El universo digital en China posee 850 millones de usuarios conectados y 450 millones de páginas Web y en él se verifica un lento crecimiento de la ciberdisidencia impulsada por grupos como Greatfire.org (constituido en 2011) que vienen advirtiendo sobre la maniobra de “dilación informativa” de las autoridades.

De hecho, el período que media entre la detección del primer caso de COVID-19 y la declaración de Emergencia Sanitaria por la OMS (11 de Marzo 2020) creó las condiciones para la diseminación viral a escala mundial.

Esto contribuyó también, indirectamente, al impacto demoledor que se verifica sobre el sistema económico internacional al forzar la adopción de medidas de aislamiento y confinamiento que paralizan virtualmente los procesos productivos.

Recientemente, un informe elaborado por Citizen Lab (empresa canadiense que investiga censura en Internet) da cuenta del pleno conocimiento que el régimen de Xi Jinping tenía sobre el origen e inicio del COVID-1.

El 30 de diciembre de 2019  el CAC emitió una declaración pública destacando que los “websites, plataformas y cuentas que publicasen contenidos nocivos promoviendo pánico o desorden social serían penados, lo que fue complementado con la introducción en las redes sociales y de mensajería instantánea (Weibo y Wechat, respectivamente) de una lista de 45 palabras clave asociadas con el virus con la finalidad de bloquear debates online sobre este tema.

El estudio comprueba que entre el 01 de Enero y el 15 de Febrero de 2020, 516 combinaciones de palabras clave directa e indirectamente vinculadas al COVID-19 fueron censuradas en WeChat y  que la capacidad de transmisión del virus de persona a persona solo fue revelado a la opinión publica el 20 de Enero de 2020 .

Importa destacar que la gestión de contenido y de información de Internet en la RPCh  está regulada por  distintas leyes y reglamentos administrativos aprobados por el gobierno desde 1996 (“People’s Republic of China Administrative Punishment Law”, “People’s Republic of China Cybersecurity Law”, “National Security Law of the P.R.C.”, “P.R.C. Cybersecurity Law”, “Measures on the Administration of Internet Information Services”, entre otras) y para aplicarlas fue diseñado en 1998 el denominado Proyecto Escudo Dorado (PED), destinado a filtrar el acceso a todos los contenidos y sitios procedentes del exterior.

En el frente interno, ese mecanismo se complementa con un sofisticado sistema mediante el cual la censura aparece, en palabras de Frederic Martel “como una red inverosímil y laberíntica de decenas de miles de compañeros de viaje, censores, ingenieros, hackers y trolls, propagandistas online pagados, agentes de vigilancia de la web y policías pertenecientes a catorce Ministerios diferentes, conetados entre ellos por el State Internet Information Office que responde directamente al Partido Comunista Chino”.

En un país en el que no hay oposición sino disidencia, se han desarrollado métodos para burlar el bloqueo, mediante la utilización de Virtual Private Network (Red Privada Virtual o VPN), Proxy¨s y creación de contenidos en clave para escapar de los filtros.

Según una investigación realizada por la plataforma Initium, con sede en Hong Kong, el sistema ha atravesado diversas fases, iniciándose como un “filtro doméstico para bloquear direcciones IP y nombres de dominio específicos”, pasando a un segunda etapa en la que el Protocolo de  Control de Transmisiones (TCP) pasó a detectar y bloquear el contenido de los sitios web, incluso si la conexión a internet pasa por un proxy. Progresivamente, el sistema fue sofisticándose para identificar las vulnerabilidades de los VPN y radicalizándose para reducir el margen de maniobra de los proveedores de servicios de VPN.

En la presente coyuntura sanitaria, el COVID-19 pasó a integrar la lista de “temas tabú” (como Tibet, Taiwan y Tiananmen, entre otros) y el informe evidencia que una amplia gama de discursos y contenidos son bloqueados por las propias empresas que gerencian las redes sociales y operan plataformas, atendiendo a “orientaciones” oficiales.

La estrategia gubernamental fue acompañada por la expulsión de periodistas de los medios estadounidenses (The Wal Street Journal, The Washington Post y The New York Times) acreditados en la RPCh, en represalia a la sujeción del accionar de los medios estatales chinos (Xinhua, China Global TV Network, China Radio International, China Daily y Jai Tian Development) a su registro en el Departamento de Estado norteamericano.

Como resultado de la censura y del tardío blindaje de la ciudad de Wuhan asi como del empleo de instrumentos de medición que no contemplan “contagios asintomáticos”, la información estadística fue distorsionada, lo que queda en evidencia con el reciente reconocimiento por las autoridades chinas de un mayor numero de defunciones y de contagios.

La propia Corte Suprema China, emitió un dictamen atípicamente critico en en el que destacó que “la represión de los rumores vertidos en internet perjudicó la posición de China en su batalla contra el nuevo virus”.

Fuentes occidentales coinciden en señalar que la estrategia de desinformación y censura habría permitido minimizar el impacto estadístico del foco viral estimándose (según datos del gobierno británico) que el numero real de positivos podría ser entre 15 y 40 veces mayor que el oficialmente informado.

Si bien las autoridades chinas han confirmado la “ausencia de casos nacionales” desde el 18 de marzo en el país no descartan que pueda asistirse a un segundo brote de COVID-19.

CHINA se fortalece geopolíticamente?

La irreversible transición hacia un “nuevo normal” en el escenario geopolítico mundial presenta una proyección cultural, económica y comercial de China en todos los continentes facilitada por la retracción del liderazgo estadounidense y las propias debilidades del bloque europeo.

Desde la introducción de Internet en la RPCh, como una extensión de su política de puertas abiertas e impulso a la economía de mercado, las autoridades chinas han construido un sofisticado aparato de “armonización” de su universo cibernético en el que Estado y Empresa se entrelazan y cooperan para beneficio mutuo y para vencer la batalla mundial del sector digital.

El gerenciamiento del caso COVID-19 referencia nítidamente cómo y en qué medida Internet se torna un poderoso instrumento de soft power para cohesionar su frente interno con base en el nacionalismo y la territorialidad y proyectarse en el frente externo.

La sofisticación de los mecanismos de control cibernético, directamente proporcionales a la expansión de la ciberdisidencia en un universo digital que se expande al interior profundo del propio país, constituye una ventaja expresiva al neutralizar el disenso, la oposición y la critica, lo que se verifica en el caso del COVID-19.

La sutil combinación entre contrainformación y censura deberá continuar siendo altamente funcional a la estrategia de proyección blanda de la diplomacia china y fortaleciendo su ambición de liderazgo en la campaña internacional de enfrentamiento a la pandemia del COVID-19, al ser un eslabón indispensable en la contención de la misma y en otros posibles surtos que puedan surgir de su propio territorio.

*Artigo de Liliana Korniat (19 Abril, 2020)

Referencias:

(1)Will Knight. “China Flexes Its Soft Power with “Covid Diplomacy”. Wired, 04-02-2020

https://www.wired.com/story/china-flexes-soft-power-covid-diplomacy/

(2)Gibson, Rosemary and Singh, Janardan. “China Rx. Exposing the risks of America¨s dependence on China for Medicine. Prometheus Books. 2018.

(3)Sebastian,, Nieves. “EEUU reconoce su dependencia en países como China o India para la producción de APIs”. EsGlobal. 13 marzo 2020.

https://elglobal.es/industria/eeuu-reconoce-su-dependencia-en-paises-como-china-o-india-para-la-produccion-de-apis/

(4) Pillsbury, Michael. “The Hundred-Year Marathon: Chin¨s Secret Strategy to Replace America as the Global Superp)ower.

(5)The Soft Power 30 Report. A Global Ranking of Soft Power 2019 . Portland. ISC Center on Public Diplomacy.

(6) Lotus Ruan y otros. “Censored Contagion”. The Citizen Lab. March 3, 2020.

https://citizenlab.ca/2020/03/censored-contagion-how-information-on-the-coronavirus-is-managed-on-chinese-social-media/

(7)Martel, Frederic. “Smart. Internet (s): la investigación”.Ed.Taurus, 2014.

(8)GlobalVoices. “Evolución  del Gran Cortafuegos Chino: 21 años de censura”.

https://es.globalvoices.org/2017/09/05/evolucion-del-gran-cortafuegos-chino-21-anos-de-censura/

(9)Lahiri, Tripti y Li, Jane. “China¨s top court says it was a mistake to quell early “rumors” about the Wuhan virus. Quarz. Januari 31, 2020.

https://qz.com/1793764/china-court-says-wuhan-coronavirus-rumors-might-have-helped/

 

 

 

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